jueves, 7 de junio de 2012

¡SORPRESA! La Biblia miente: el alma no existe.

Probablemente confíes en la ciencia. Es difícil no hacerlo en una sociedad tan cargada tecnológicamente, que depende tanto de la aplicación del conocimiento científico. Encontrarás la utilidad de lo científico en muchas cosas: para fabricar electrodomésticos, coches, edificios, máquinas industriales, instrumentos hospitalarios, armas de destrucción masiva... La fabricación de dispositivos para solucionar nuestros problemas es de lo que se encarga la ingeniería, que al fin y al cabo es la aplicación práctica de la ciencia. Si piensas en la medicina, quizá puedas extrapolar lo dicho de la ingeniería y llegar a la conclusión de que sirve para curar las enfermedades (es decir, solucionar los problemas restringidos al funcionamiento del cuerpo). La ingeniería calcula la utilización de explosivos para derribar un edificio, la medicina calcula la utilización de radiación para acabar con un cáncer.

Esto es cierto: la aplicación más útil de la medicina es el combate de la enfermedad. Ése es el fin último del conocimiento médico, la razón por la que fue creado. Pero la medicina es una ciencia, y las ciencias se complementan. Comparten campos del conocimiento: lo que se descubre en una disciplina suele tener aplicaciones en muchas otras. Por ejemplo, los avances de la óptica hace unos cientos de años permitieron la creación del microscopio que dio lugar a la microbiología, con utilidad directa sobre la medicina. Pero dejando de lado los ejemplos puntuales de interacción entre disciplinas, analicemos cuáles son las implicaciones del carácter científico de la medicina a la hora de saber cómo funciona nuestro cuerpo. En concreto, veamos qué opina la medicina de la existencia del alma.

Además de enseñaros a pensar os di la óptica y vosotros la usáis para haceros fotos de mierda para subir a Facebook. Menos mal que estoy muerto.

Lo más probable es que el alma no exista.

Miles de años de religión y filosofía han implantado en el conocimiento colectivo una idea que me parece muy dañina, a saber, que el ser humano está compuesto por dos realidades: el cuerpo y el alma. Es entendible el origen de esta creencia; los hombres ancestrales observaron el mundo y rápidamente vieron que podían clasificar todo lo que existía en dos tipos de objetos: los animados y los inanimados. Los animados nacían, interaccionaban con el mundo activamente y finalmente morían. Al morir, se convertían en seres inanimados que, como tales, se encontraban a merced del devenir sin posibilidad de actuar sobre lo que les rodeaba. La conclusión, para ellos, fue obvia: los objetos animados tenían "algo" que les daba la vida. Ese algo no podía estar en la materia, porque el vivo y el cadáver estaban compuestos de la misma materia, y sin embargo uno era un ser animado y el otro inerte. Por esto, aquello que les daba la vida debía ser algo intangible, ajeno a la realidad material: así se inventaron el alma. Más tarde vino lo de darle el carácter inmortal, relacionarla con la realidad divina y otras pajas mentales estériles y perjudiciales.

La vida es un fenómeno natural y, en consecuencia, susceptible de ser tratado por la ciencia. De hecho, de eso se encarga la ciencia: de estudiar la naturaleza. Una de las ideas de la ciencia más asentadas por la evidencia empírica es la del materialismo, es decir, que no existe en el universo más que materia que interacciona. Las realidades espirituales no existen (o al menos éstas son incognoscibles y por lo tanto carentes de relevancia). Esta materia, constituyéndose en átomos de diferentes tipos, es la verdadera sustancia del universo, lo forma todo: las estrellas, los asteroides, los planetas, las nubes, las rocas, el agua...  Todo. Incluida la materia viva.

Hasta hace 200 años los científicos seguían creyendo que había diferencias entre la materia inerte y la materia viva. Dicha teoría se conocía con el nombre de vitalismo, y era enseñada en los colegios como ahora lo es la Gravitación Universal o la Teoría Celular. Venía a decir, resumidamente, que la materia viva poseía una "fuerza vital" que le permitía realizar transformaciones energéticas no espontáneas. Explicado de manera sencilla, estos procesos energéticos no espontáneos son, por ejemplo, los que te permiten levantarte de la silla venciendo la fuerza de la gravedad: las rocas no pueden hacer eso por sí mismas. 

Gente adulta cree que la esencia de su ser, lo que guarda la más íntima relación con su existencia, es básicamente lo que ilustra la imagen de arriba. GENTE ADULTA.

El vitalismo entró en crisis en el siglo XIX cuando en 1828 un químico alemán llamado Friedrich Whöler logró sintetizar urea en el laboratorio, en un tubo de ensayo, sin necesidad de un organismo vivo. La urea es un compuesto químico presente en la orina humana que sirve para la eliminación del nitrógeno. Al crear un compuesto orgánico ("vivo") a partir de sustancias inorgánicas ("inerte") se evidenció que las reacciones químicas que dan lugar a los "materiales" de los que están hechos los seres vivos no necesitan de ninguna fuerza vital, que pueden realizarse independientemente de estos. Analizando los procesos fisicoquímicos que ocurren dentro de los organismos vivos se observó que estos podían ser explicados por las leyes de la termodinámica que se aplicaban al resto de la naturaleza: no había, a nivel energético ni material, ninguna diferencia entre el funcionamiento físico de los fenómenos de la materia orgánica y los de la materia inorgánica.

Al alma normalmente se le atribuyen las funciones "superiores" de la existencia humana: la conciencia, el razonamiento, las pasiones, etc. En realidad, estos fenómenos se atribuyen actualmente al alma como antes se atribuía a Dios la caída de rayos sobre la Tierra o la erupción de los volcanes. El funcionamiento de la mente humana, hoy en día, ya puede explicarse en términos físicos: todo proceso psicológico tiene origen en fenómenos bioeléctricos que ocurren en el sistema nervioso. El simple hecho de reflexionar sobre lo que estás leyendo ahora ocurre porque variaciones en el potencial eléctrico se transmiten de una neurona a otra de tu cerebro. Es un código terriblemente complejo que se tardará siglos en descifrar. Se saben algunas cosas; por ejemplo, que determinados neurotransmisores son los responsables de la aparición de ciertas emociones. Hace 300 años Hume decía que las emociones tienen un origen desconocido; hoy sabemos que si lloras cuando te deja el novio es porque algunas de tus neuronas están liberando sustancias que te inducen a la tristeza. Piensa en las posibilidades terapéuticas de eso. Piensa en la posibilidad de inducir la felicidad con los propios mecanismos con los que el cerebro te hace sentirla. 

El día que se consiga descifrar las particularidades del comportamiento humano traduciéndolas a su respectiva interacción neurona-neurona, cualquier percepción subjetiva que tengas podrá decodificarse y ser analizada por otros. Si logramos controlar a nivel celular el funcionamiento del sistema nervioso incluso se nos podría inducir a percibir procesos mentales de otras personas. Puede ser terrible y fascinante al mismo tiempo. Cuando eso ocurra, probablemente, el concepto de "subjetividad" perderá el sentido y la sociedad de individuos dejará de existir tal como la conocemos.

Esto es más complicado que dar por sentado que Casper vive dentro de ti. Pero nadie dijo que el universo fuera un sitio simple. Comprender esta realidad es vital si quieres aproximarte a la verdad de las cosas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario