sábado, 29 de diciembre de 2012

El manifiesto del movimiento pragmático. Se ha acabado la tontería.

El movimiento ciudadano que desde hace unos años se desarrolla en nuestra nación ha llegado a un punto muerto, y se demuestra indispensable que demos todos el siguiente paso para seguir avanzando hacia el cambio, la revolución que todos queremos conseguir para traer el régimen de Justicia Social que anhelamos.

Diría que, sobre todo a partir del 15M, la ciudadanía inició una fase de participación masiva en manifestaciones multitudinarias, sobre todo en las grandes ciudades de todo el país. Cientos de miles de personas, a pesar del fraude de cifras defendido por el gobierno, se han congregado en la Puerta del Sol, en la Plaza 15M de Valencia o en la Plaça Catalunya. A pesar de constituir movilizaciones sin precedentes desde hacía décadas, y ser un avance importante hacia nuestros objetivos de acabar con el sistema corrupto que actualmente sufrimos, estas demostraciones de fuerza han sido estériles, y sin consecuencias relevantes en el proceder del gobierno: los recortes en los servicios sociales han continuado, los desahucios siguen produciéndose ante la falta de la reforma de la ley hipotecaria, y la restricción de derechos fundamentales se intensifica día a día, hasta tal punto que hace unos días PP y UPyD se olían las braguetas para totalitarizar la ley de huelgas, volviendo en un tris-tras a lo peor del S. XIX.

Si estas enormes congregaciones, a pesar de ser señal inequívoca de la indignación nacional, no han tenido efectos notables, es, en mi opinión, por una razón sencilla: a día de hoy aún no existe una lista de objetivos claros y concisos que nos guíen. Aunque nadie duda de sus buenas intenciones, la ambigüedad de nuestras reivindicaciones diluye la fuerza efectiva que tenemos como colectivo, como masa soberana, como nación autónoma, libre y concienciada. Pretender una "democracia real" es algo que lo dice todo y no lo dice nada. Por parte de la oligarquía económica es muy sencillo, a través de sus felatrices del poder político, contestar a mensajes que no constituyen exigencias reales, sino simple lloriqueos propios de un movimiento ciudadano aún inmaduro. No pasa nada, era necesario pasar por ello, pero ahora debemos ir a más.

Hace falta preguntarnos qué es lo que queremos conseguir. Sé que esto daría lugar a un debate interminable en el que existirían tantas posturas como personas, eternizando la discusión y paralizando la lucha. ¿Queremos nacionalizar la banca? ¿Expropiar los bienes eclesiásticos? ¿Reformar la distribución de impuestos en base a la riqueza? ¿Proclamar la República al mismo tiempo que se condena al Rey por alta traición por el caso 23F? Hay muchas cosas en las que seguro que estamos de acuerdo, pero mientras descubrimos estos puntos comunes hay gente que no tiene trabajo, a quien le falta vivienda y comida, niños que no están recibiendo una educación decente y serán un problema social muy grave de aquí a un par de décadas (lo sé porque vengo de un país en el que eso ha ocurrido), enfermos que están muriendo por deficiencias de un Sistema Nacional de Salud que está siendo metódicamente desmantelado, etc. Hace falta actuar ya, y soltar arengas pacifistas levantando las manitas mientras recibimos hostias de la policía para que al día siguiente se nos etiquete de radicales exaltados en el telediario de Televisión Española no es el camino.

No estoy hablando de dividirnos en células, armarnos hasta los dientes y salir a derrocar el estado a la fuerza (¡todavía no!), pero sí de enfocar nuestro movimiento hacia lo pragmático. A pesar de no haber tenido efectos sobre la "alta política", que diría el Rey Nuestro Señor, el 15M y otras convocatorias similares han tenido una consecuencia importantísima: han congregado grandes masas de gente más o menos concienciadas, dispuestas, como mínimo, a plantarse en un sitio concreto durante un par de horas gritando y agitando pancartas para mostrar su descontento. Puede que no te parezca importante, pero si ese enorme contingente de ciudadanos está en el lugar adecuado y en el momento adecuado, como ocurrió durante la ocupación de los alrededores del Congreso, que dio lugar a declaraciones infames como las que nos comparaba con el golpista Tejero, el hartazgo de la sociedad, que es al fin y al cabo lo que buscamos todos, que la gente se canse y diga "no aguanto más, hasta aquí hemos llegado, a mí no me dan más por el culo estos hijos de puta" será más sencillo de conseguir.

Voy al grano, dejo de enrollarme: el actual caso de Alfon, detenido de manera ilegal, y por delitos que ni siquiera existen, es un símbolo ideal, que puede ser extremadamente fecundo, para una próxima movilización. Hace unos días unos cuantos cientos de personas, no sé si llegaron a los miles, se reunieron en la Puerta del Sol para pedir la libertad de nuestro compañero, y aunque se agradece ese tipo de gestos, realmente es poco probable que se consiga algo así. ¿Habéis visto la repercusión real del asunto, reflejada fielmente en las redes sociales, en los medios masivos de comunicación? ¿A que no? Suelo mirar cada dos por tres los telediarios y no los he visto mencionar Alfon nunca hasta ahora. 

Alfon es un símbolo de la represión estatal. Es un símbolo de la indiferencia que siente la oligarquía corrupta  que nos está gobernando, que se nos está riendo en la puta cara. Alfon es la oportunidad perfecta, por el gran poder de convocatoria que ha tenido, para conseguir una indignación útil para el movimiento. No sólo porque vayamos a conseguir su liberación, algo que sin duda es un asunto de justicia y debemos lograrlo, sino también porque puede convertirse en el origen de una serie de acciones que tengan trascendencia real. Que obliguen al gobierno a tenernos en cuenta. Que tengan una influencia determinante sobre las decisiones que la marioneta de la Moncloa y su Liga de la Injusticia tomen finalmente. Para que ese poder se haga efectivo, basta con obligarles a obedecernos (que es el orden natural de las cosas, que el gobierno obedezca a su pueblo en un régimen democrático) una vez, y que todos vean que si se pincha en el lugar adecuado, se obtiene la respuesta que se espera.

Os convoco, ciudadanos libres y emancipados, a una nueva movilización, la primera de las muchas que nos llevarán hacia la consecución de la victoria contra la opresión: el día acordado con otras plataformas ciudadanas, rodearemos durante el tiempo que haga falta los juzgados donde será procesado Alfon/el sitio donde se encuentra detenido/la comisaría donde fue a parar tras ser apresado, y asistiremos día tras día, a una hora adecuada, cuando la mayor parte de la gente no se encuentre trabajando y la concentración pueda ser masiva. Allí estaremos hasta que los medios de comunicación estén obligados a mirarnos, y hasta que el caso Alfon sea un asunto de debate nacional INELUDIBLE (no algo sólo comentado en Twitter), convirtiendo esto, para el gobierno, en una carga muy incómoda sobre la que estará obligado a pronunciarse. En caso de que Rajoy elija la vía de la ilegalidad, y Alfon siga encerrado, la movilización permanecerá y aumentará progresivamente en intensidad a medida que nuestra paciencia se vaya acabando: como es natural, los ciudadanos más irascibles (que siempre los hay) se verán obligados a enfrentarse con las fuerzas del orden como siempre ocurre, pero esta vez no será un episodio aislado, sino varios semanales, mensuales, trimestrales... Hasta que Alfon sea liberado. No estoy, por si algún iluminado decide atacarme por ese lado, amenazando a nadie, sino enunciando un hecho inevitable de tener éxito la movilización: el gobierno tiene la desagradable costumbre de reprimir la expresión popular con fuerza bruta, y si se nos reprime durante demasiado tiempo, llegará un momento en el que responderemos, ¿no creéis?

Ha acabado, como he dicho al principio, el momento de la manifestación estéril, de los grititos impotentes en Twitter y de las asambleas vecinales cuyo poder resolutivo real provoca hilaridad entre los poderosos. Es hora de la acción pragmática, precisa y expeditiva. La que se realiza para conseguir hechos concretos y realizables, no paraísos supraterrenales de fácil desmontaje. Sabemos que poseemos el respaldo de la nación, los números lo demuestran: la mayor parte de la población comienza a ser consciente de formar parte de una clase ultrajada y desposeída de su soberanía. Es hora, en definitiva, de convertir esa indignación dispersa en movilización incisiva y relevante.

Salud y Justicia, compañeros.

Ignacio Lezica Cabrera.

2 comentarios:

  1. El problema es que tenemos TANTOS frentes abiertos que si tenemos que defenderlos todos nos podemos pasar 4 días en Sol o en Pça Catalunya sólo para leerlos...
    http://alotroladodelasllamas.wordpress.com/

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  2. Precisamente por eso hay que encontrar una afrenta que genere unidad y repulsa consensuada, como ocurre con el compañero Alfon. Para no dispersar la respuesta. Gracias por la lectura,

    Un saludo.

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