sábado, 5 de julio de 2014

La Matria.

La redefinición (o definición a secas) del concepto de Matria es apasionante filosóficamente. Realmente, es posible encontrar caracteres paternos, tal como los describe Eric Fromm, en las exigencias que la Patria demanda: un sacrificio para obtener su aprobación estrictamente condicional, el cual suele manifestarse, por supuesto, a través actividades propias de lo masculino: la guerra, el orgullo pasional, la competitividad deportiva, etc.

Estableciendo paralelismos, podemos, a partir de tal descripción de la Patria, definir lo "matriótico", que puede estar relacionado, por contraste a la autoridad abstracta e intangible (casi mística o religiosa) que ejerce la Patria sobre el individuo, con la solidaridad del sujeto hacia la sociedad concreta y tangible, la comunión del ciudadano no ya con un espíritu nacional filosóficamente idealista, vago, sino con el cuerpo social-popular, material en esencia, sustrato de una serie de sentimientos morales que conduzcan necesariamente al enaltecimiento y protección de la Justicia Social como un valor supremo. No al sacrificio estéril en honor de fantasmas inexistentes, sino al esfuerzo honrado, trabajador, en pos del socorro empático de los menos favorecidos y la construcción de un régimen que permita el progreso y el bienestar de toda la sociedad.

Así, ante el concepto de Patria burguesa, base de nacionalismos engañosos e idealistas, que llevan al martirio del individuo en favor de intereses que le son ajenos, tenemos el de la Matria-pueblo, Matria trabajadora, personificación del cuerpo nacional-popular vivo, real, que comparte inquietudes, intereses, derechos y deberes con el ciudadano de a pie.

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